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28 de abril de 2019

Catamarca vive jubilosa las fiestas Marianas

Dieron inicio las fiestas en honor a la Virgen del Valle, con la Solemne Bajada de la Sagrada Imagen desde el Camarín hasta el Presbiterio.

Durante la tarde del sábado 27 de abril, a horas de haber vivido un acontecimiento histórico, con la Beatificación de los Mártires Riojanos: Mons. Enrique Ángel Angelelli Carletti, Pbro. Gabriel Mongueville, Fray Carlos de Dios Murias y el laico Wenceslao Pedernera, en la vecina Diócesis de La Rioja, Catamarca dio inicio a las fiestas en honor a la Virgen del Valle, con la Solemne Bajada de la Sagrada Imagen desde el Camarín hasta el Presbiterio.
Los actos litúrgicos se enmarcan en el Año de la Espiritualidad de los Discípulos Misioneros, último del trienio de preparación para el Jubileo por los cuatro siglos de la presencia de la Madre Morenita entre nosotros, el Año y Congreso Mariano Nacional; y en el contexto del 128° aniversario de la Coronación Pontificia de la Imagen de la Pura y Limpia Concepción del Valle, conmemorados el 12 de abril.
La tradicional ceremonia fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, quien llevó en brazos la bendita Imagen, acompañado por sacerdotes del clero diocesano. Se contó con la presencia del Obispo de Añatuya, Mons. Melitón Chávez, de cuya diócesis es Patrona Nuestra Madre del Valle.
Una multitud de fieles desbordó la Catedral Basílica y Santuario Mariano, para ser testigo de este emotivo momento en que la Madre de Jesús se acerca a su pueblo para inundar de gracia los corazones. Vivas, pañuelos flameando y rostros emocionados fueron los gestos de cientos devotos y peregrinos.
Participaron las principales autoridades provinciales y municipales, encabezadas por la Gobernadora, Dra. Lucía Corpacci, y el Intendente de San Fernando del Valle de Catamarca Lic. Raúl Jalil, respectivamente; legisladores provinciales y nacionales, autoridades judiciales y de las Fuerzas de Seguridad.  
En el momento de su reflexión, Mons. Urbanč expresó:
Queridos Devotos y Peregrinos:
Coronación. El pasado viernes 12 de abril conmemoramos los 128 años de la coronación pontificia de esta sagrada imagen de la ‘Pura y Limpia Concepción’, que para nosotros es la amada Virgen del Valle. Y hoy comenzamos el homenaje que le rendimos con este septenario que culminará el domingo 5 de mayo. Bienvenidos a esta sentida celebración de la Bajada de la Virgen al lado de su Pueblo, de sus hijos, de sus pobres.
Pascua. Nos encontramos al final de la octava de Pascua, la mayor fiesta de la fe cristiana, puesto que en ella agradecemos a Dios Padre la gran merced que nos hizo por medio de la entrega voluntaria, de muerte en cruz, de su Hijo en orden a la salvación de toda la humanidad, confirmando la fecundidad de su obediente inmolación con el triunfo de la Resurrección, acontecimiento único en toda la historia humana, que fundamenta hoy, como ayer y para siempre, la razón y existencia de nuestra fe cristiana, católica, eclesial y mariana.
Año Mariano. Para nosotros, como para toda la patria, este septenario cobra particular importancia pues nos adentra en la gran misión, casa por casa, que se irá realizando para internalizar y preparar convenientemente a toda la comunidad diocesana en vistas al Año Mariano Nacional, que comenzará el próximo 8 de diciembre, el IV Congreso Mariano Nacional, a celebrarse del 23 al 26 de abril del 2020 y nuestro jubileo por los 400 años del hallazgo de la bendita imagen de María Inmaculada. De modo que le confiamos todo esto a nuestra querida Madre del Valle para que nos acompañe en este arduo, pero querido y feliz camino de preparación.
Amor cristiano. El texto de la primera carta de san Juan nos recuerda que Dios es Amor y que nosotros nos debemos amar los unos a los otros como Jesús nos ama. Sólo así habremos tenido un verdadero conocimiento de Dios. Para la Biblia ‘conocer’ es tener una experiencia profunda que a uno le cambia la vida, el modo de pensar, de actuar y de sentir. Por tanto, en este septenario le pidamos a la Virgen Santa que nos ayude a lograr esa experiencia profunda de Dios, de su Amor, de su presencia, de su Vida, de su Paternidad. De allí que el apóstol pueda afirmar que quien no ama al prójimo no ha conocido ni conoce a Dios, porque Dios es Amor, es Perdón, es Santidad.

Santidad. Por eso es que voy a compartir con ustedes algunas enseñanzas que el Papa Francisco nos ha ofrecido en su Exhortación apostólica ‘Gaudete et Exultate’, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, a fin de que todos nos pongamos en la feliz tarea de parecernos más a Dios que nos ha creado a imagen y semejanza suya, porque Dios nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el Amor (cf. Ef 1,4; Flp 4,8-9). “Él nos quiere santos y deplora que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada o licuada” (G.etE. n°1). “Mi objetivo, nos dice, es que puedan encarnar este llamado a la santidad en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades” (n°1). “Veo la santidad en el pueblo paciente, que lucha día a día” (n°7). “El llamado a la santidad es para todos: consagrados, trabajadores, abuelos, padres, esposos, hijos, docentes, gobernantes, políticos… Sé santo viviendo con alegría tu entrega diaria” (n°14). “En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad” (n° 15). “Cada santo es una misión en un momento de la historia” (n° 19). “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servcio” (n° 26). “No tengas miedo a ser santo. No te quitará fuerzas, vida o alegría” (n° 32). “No tengas temor de apuntar más alto y dejarte guiar por el Espíritu Santo. ‘Existe una sola tristeza, la de no ser santos’ -León Bloy-“ (n° 34). El Papa nos dice que atentan contra nuestro camino de santificación el gnosticismo, que reduce la fe a un mero conocimiento de verdades y ciertas prácticas religiosas, donde el amor fiel a Dios y al prójimo no cuentan, y el pelagianismo que hace consistir la respuesta de fe a un mero voluntarismo sin humildad, que sólo unos pocos pueden lograr (cf. nn. 38-60). Luego el Papa comenta 2 pasajes del evangelio de san Mateo: Las Bienaventuranzas (5,1-11) y El Juicio Final, que lo llama el Gran Protocolo (25,31-46). Quien asume estas pautas dadas por Jesús, seguro que avanza por el camino de la santidad. 
Cultura actual. En el n° 111 el Papa señala “algunos riesgos y límites de nuestra cultura como ser la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo; y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual”. Para contrarrestar estos males nos propone “el aguante, la paciencia y la mansedumbre” (n° 112); “la alegría y el sentido del humor” (n° 122); “la audacia y el fervor” (n° 129); “unidos a la comunidad” (n° 140) y “en oración constante” (n° 147).
Vida cristiana. Nos recuerda que “la vida cristiana es un combate permanente contra una mentalidad mundana que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres, sin compromiso y sin alegría. Es una lucha contra la propia fragilidad y malas inclinaciones, pero sobre todo es una lucha tenaz contra el diablo, que no es una representación, un mito, un símbolo, una figura o una mera idea. El demonio no necesita poseernos, simplemente con envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia y con los vicios. Y así, mientras bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades” (nn. 158-161). Y, “para poder discernir qué viene del mal espíritu y qué del bueno, es necesario pedir sin cesar el don del Espíritu Santo” (n° 166). Hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a impedirle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. El discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos” (n° 175). 
La Madre. Y al concluir nos invita a dirigirnos a la Virgen María, “quien vivió como nadie las Bienaventuranzas. La Santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. La que no acepta que nos quedemos caídos y nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de mucha palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta balbucear una y otra vez: Dios te salve, María, llena de Gracia…” (n° 176).
Es a Ti, Virgen Madre, que recurrimos en nuestras necesidades, tanto materiales como espirituales, a fin de que en todo podamos agradar a nuestro Buen Padre Dios y honrarte con una vida más semejante a la Tuya, ya que sabemos del esmero que pones en prodigarnos amor, consuelo, ternura, bendiciones, fe, esperanza y paz para nuestros lacerados corazones, que luchan por revestirse de los sentimientos de tu amado Hijo Jesús. Ayúdanos, Madre preciosa, a ser más dóciles a la Gracia de Dios, a fin de que fructifique la santidad en nuestras vidas, en nuestras familias y en toda la sociedad. Amén.

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